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Amalia 21-02-2015

Associació Espírita Otus i Néram
Tàrrega, 21 de febrer de 2015

Hermanos, hermanas, paz.

Como cada semana nos reunimos los que tenéis cuerpo y los que no tenemos cuerpo. La única diferencia es ésta: tener o no tener cuerpo, estar o no estar en la carne, es decir, encarnados. Psicológicamente hablando la criatura humana es la misma. Existen seres humanos con cuerpo con una lucidez, con una consciencia de su dimensión espiritual, que asombran a la mayoría. A la inversa sucede también y nos encontramos con criaturas humanas sin cuerpo que destacan por su inmadurez y por su falta de noción de la dimensión espiritual. Por lo tanto, no es el estar con el cuerpo o el estar sin él lo que nos da la consciencia, lo que nos da la sabiduría, lo que nos da el sentimiento o lo que nos da la voluntad. La dimensión espiritual del ser es la misma con independencia de su estado corporal.

Dicho esto, vamos a agregar que en las colectividades sucede lo mismo: existen colectividades encarnadas y existen también colectividades desencarnadas. El hecho de estar encarnado no da a la colectividad el nivel de consciencia suficiente, al mismo tiempo que no lo da el estar desencarnado. Sabemos que los espíritus nos acercamos por afinidad y a nivel colectivo sucede lo mismo. Cuando un país está en guerra, cuando una nación o un pueblo lucha contra otro, significa que su estado evolutivo, que su nivel de evolución espiritual en definitiva, no está donde debería de estar, y esta situación se da en ambos planos de la vida. Cuando un pueblo vive en paz, trabaja para progresar, para conocer el espíritu, para auxiliar a sus semejantes; ese pueblo, esa colectividad se aleja del egoísmo, del orgullo. Por lo tanto, no cae en la violencia, no cae en el desánimo; lucha y trabaja para ser libre, pero libre a nivel de consciencia, libre a nivel espiritual.

Sin embargo nos encontramos en que las colectividades actuales son muy heterogéneas. Por ejemplo: cogemos vuestro pueblo, éste en el que os encontráis y vais a comprobar que de diecisiete mil habitantes, existen diversas clases de criaturas, es decir, no es un pueblo homogéneo, como no lo son el resto de pueblos tampoco. Seguramente el cincuenta por ciento esté preocupado por ir de fiesta, disfrutar, pasarlo bien; un treinta por ciento estará preocupado por los problemas económicos, de salud…; un diez por ciento tal vez esté preocupado en cómo perjudicar a los demás para transferirles su propia culpa, su propio complejo de inferioridad, su frustración; y difícilmente alcanzará el uno por ciento la colectividad o colectividades que desean auxiliar al prójimo, que desean amar a sus semejantes como a sí mismos, que desean progresar y ayudar a progresar espiritualmente al resto de hermanos.

Y con todo esto quiero llegar al punto que vosotros, como cualquier otro centro espírita formáis también una colectividad, colectividad pequeña en número, pero colectividad potente a nivel de ideas, a nivel de pensamientos, a nivel de intencionalidad, a nivel de sentimiento, a nivel de voluntad. Y sabéis perfectamente que no estáis solos, que la de ley de afinidad nos permite reunirnos todos juntos, disfrutar de estos momentos de intercambio, en que nosotros podemos transmitir al plano físico nuestros anhelos, nuestras luchas; y en que vosotros podéis elevar vuestra alma al creador, compartir la vibración de los planos superiores, limpiar vuestra mente y vuestras emociones de los problemas y de las vicisitudes humanas, muy frecuentemente pueriles a nivel de espíritu.

Pues la colectividad es como un ser humano a nivel agregado, necesita crecer, evolucionar, y a veces como espíritas pensáis que estáis en la infancia, y ocurre muchas veces, que hay muchos centros espíritas que no es que estén en la infancia, es que están todavía en el estado de embrión. Con todo el respeto, es un símil muy adecuado, el embrión está en el seno de la madre, nutriéndose, protegido, en una burbuja, y el centro espírita debe forjarse, crecer así con toda la protección de una madre, de los guías espirituales. Ocurre no obstante, que la mayoría de centros espíritas, que no todos, pero sí la mayoría de centros europeos, no consiguen nunca salir de la gestación. Se quedan discutiendo sobre las ideas, hablando mucho, estudiando mucho, pero les cuesta pasar a la acción, y la acción es el parto del centro espírita: el auxiliar al prójimo, el desarrollar acciones caritativas, con los espíritus en las reuniones de orientación, con los encarnados en programas de acción social y de educación. Y nos cuesta mucho, muchísimo, que los centros espíritas atraveséis el parto. Todo parto es doloroso, se reciben los ataques exteriores, las maledicencias, las calumnias, pero tras el parto viene el crecimiento, después viene la infancia, la adolescencia, la madurez, y es en todas estas etapas que el centro espírita se desarrolla.

Vengo aquí para que reflexionéis acerca de estas palabras, de este símil, en el que seguramente pocos hayan caído. Me atrevo a decir que son pocos los centros espíritas que en España trabajan como niños, como adolescentes o como adultos. Porque estoy harto cansada de ver embriones que se proyectan, que pretenden hacer grandes cosas, pero que antes del parto se disuelven, unos por problemas de familia, otros por problemas de ideales, muchos con miedos propios que no logran ser superados; y multitud de trabajadores dispuestos, abandonan la tarea encomendada, perdiendo la oportunidad de trabajar.

Insisto que hoy mi intención era hablaros del parto, como símil para un centro espírita y pediros que vosotros, como tantos otros, puedan comprender la intención y el alcance de este mensaje, quieran nacer para la sociedad. Es duro, se necesita financiación, se necesitan proyectos claros, pero digamos que durante la fase de gestación, que ha durado sus años, habéis recibido el amparo necesario y ahora sois vosotros, como tantos otros insisto, los que debéis empezar a dar amparo, amparo espiritual principalmente, amparo material también, cuando fuere posible.

Tened todos paz, tened todos amor, os amamos.
Amalia.