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26-04-2014

Associació Espírita Otus i Néram
Tàrrega, 26 d'abril de 2014

Hemanos, hermanas, paz.

En numerosas ocasiones hemos hablado de la sociedad, hemos hablado del inconsciente colectivo. De hecho es un hábito muy usual en el ser humano fijarse en las cosas a nivel agregado, de forma que ¿quién de vosotros no tiene una idea formada de los franceses, quién no tiene una idea formada de los rusos, quién no tiene una idea formada de los esquimales, incluso quién no tiene una idea formada de los curas, de los budistas, de los islamistas etc.? Herederos todavía de la sombra medieval, el ser humano se cree el centro del mundo midiendo y juzgando todo lo exterior en función de su propio punto de vista, de sus propias medidas. Así, ¿cuántos religiosos no dicen que los de otras religiones están equivocados y cuántos individuos de una determinada nación no creen que los demás individuos de otras naciones son enemigos?

También existen aquellos que viven abstraídos del mundo, estén donde estén, en inglés les llamarían los “happy”: todo el día felices, todo el día riéndose, estén aquí, estén allí, se lo toman todo a broma. También se los denomina como el síndrome de Peter Pan, es decir, que a pesar de ir creciendo, de ir pasando los años, la madurez brilla por su ausencia. Bien. Todo esto para llegar al punto principal donde queríamos llegar, y es que lo importante en el camino espiritual, en el camino espírita, en el camino de la mediumnidad, es el propio conocimiento y el propio análisis.

Es muy fácil ver a los demás, es muy fácil juzgar a los demás. Normalmente juzgamos a los familiares, a los compañeros del trabajo, a los compañeros de centro, a los habitantes de nuestro pueblo, de nuestra ciudad, esto es muy fácil, muy sencillo, está al alcance de cualquiera. Para aquellos que no les es tan sencillo prefieren abrir la televisión y ver cómo se puede juzgar a este político, se puede juzgar aquel futbolista, se puede juzgar aquel no sé quién, aquel magnate, aquel otro… Los juicios en la sociedad están demasiado instalados. Si fuéramos un poquito más materialistas, os pediríamos que os centrárais en la economía productiva, es decir: menos tele, menos chismes y más trabajo. Como venimos, residimos, habitamos y pertenecemos en definitiva al plano espiritual, vamos a encararlo desde el punto de vista espiritual, es decir: todo el tiempo que os pasáis analizando, juzgando, quejándoos de los demás, lo podéis emplear en una lectura seria, en una conferencia instructiva. No os voy a recomendar que os autoanalicéis, porque sería casi como un castigo. Utilizaríais la misma vara que con los demás, os analizaríais a vosotros y diríais: sí soy egoísta, sí soy orgulloso, sí soy esto, soy aquello; pero la mayoría de veces creéis que el autoconocimiento es esto, saber cuales son vuestros defectos; y esto no es así tampoco.

El autoconocimiento es tomar consciencia de estos defectos, pero también de las potencialidades (que no es lo mismo una potencialidad que algo ya adquirido), para que esta potencialidad pueda desarrollarse, de modo que el que posea inteligencia, la desarrolle más; que el que posea sentimiento, lo desarrolle más; que el que posea voluntad, la desarrolle más. Y todo ello de forma consciente, y la forma consciente no es otra que aceptando y asimilando nuestro paso transitorio por la materia.

Es muy frecuente que la gente, las personas, los individuos quieran cambiar innumerables cosas, incontables cosas, principalmente primero los bienes materiales: un piso pequeño por un piso grande, un coche poco potente por un coche más potente, luego a nuestros familiares: vamos a cambiar a nuestro marido o lo vamos a cambiar por otro, vamos a cambiar a nuestro hijo o vamos a adoptar otro, etc. Pero lo más importante a cambiar, a transformar y a mejorar es uno mismo y en esto pocas veces se piensa.

Si utilizarais todas las horas de temor, todas las horas de vacío, todas las horas de recreo, de vicio, o incluso simplemente de descanso para iros transformándoos, no con dolor sino con amor, lograríais cosas impensables, lograríais tener instalados la paz, la comprensión, el amor, la felicidad y tantos y tantos atributos propios de las almas virtuosas. No se os están pidiendo grandes sacrificios, sino pequeños.

Para decir esto hay un porqué, y es muchas veces pensamos que con la mediumnidad vamos a solucionar nuestros problemas. Alguien nos dice: "¡tú eres médium, llevas espíritus pegados! ¡Oh Dios mío! ¡Soy médium! ¡Toda la vida sin saberlo!" Sí, es cierto, muchas personas, muchos individuos sois médiums, lleváis espíritus, se os pegan, propiamente hablando se os afinan, se instalan a vivir junto a vosotros, pero lo que es fundamental que conozcáis es que acuden a vosotros aquellos que os son afines. Por lo tanto, podéis ejecutar la mediumnidad con una técnica perfecta durante toda la vida, y si no habréis elevado vuestro patrón vibratorio no os habrá servido de nada, no habréis conquistado nada. Sí que habréis ayudado a los espíritus, pero como el médium es un sujeto pasivo, que no activo, el mérito se lo llevará el guía, el instructor, el grupo u otro. Poco mérito tiene el médium en la tarea de pasar un espíritu, tiene evidentemente cuando es consciente y cuando se esfuerza, y no deja de ser una herramienta más para pulir al instrumento. Pero tened todos claro esto: el objetivo primordial de la existencia humana es la autotransformación, la autoiluminación, alcanzar la plenitud, ser en definitiva seres conscientes.

Tened todos mucha paz, tened todos mucho amor. Hasta siempre.