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Associació Espírita Otus i Neram

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Amàlia 07-01-2012

ASSOCIACIÓ ESPÍRITA OTUS I NÉRAM

Tàrrega, 7-1-2012

Hermanos, hermanas, mucha paz.

Han pasado casi dos mil años desde que Saulo fuera por el camino de Damasco. En dicho camino Saulo reconoció a Jesús, Jesús presentado en espíritu con toda su luz y todo su esplendor. A partir de entonces el fariseo Saulo deja de ser Saulo y se convierte en el romano Paulo, para vosotros Pablo.

Tradicionalmente dentro del cristianismo, Saulo y Paulo son las dos caras de la misma moneda. Han sido dos personalidades opuestas pero encarnadas en un mismo ser. En el caso citado no hizo falta que mediara ninguna encarnación o desencarnación de por medio, en una misma existencia se produjeron dos etapas muy marcadas. Y aquel fariseo orgulloso, egoísta y que se creía una de las lumbreras de su mundo, vio como todo se desvanecía, vio como su saber no pudo comprender quién era aquel Jesús y aquellos cristianos a los que perseguía. A partir de entonces el orgullo dio paso a una profunda humildad y a un reconocimiento absoluto de lo que era Dios y de lo que era el Creador. Aunque le conozcáis como Pablo, él mismo os lo dijo, ya no era tampoco Pablo, sino Cristo que vivía en él. Significa esto que desde aquel momento fue un instrumento, fue un servidor y fue conocido por todos como un discípulo de Jesús.

Ya en el siglo XXI nadie habla de aquel Saulo, de aquel Paulo, y muchos ni siquiera conocen los mensajes y las epístolas de Pablo. Hoy en día Damasco se ha convertido en una población donde espíritus más ignorantes se disputan derechos, se disputan conocimientos religiosos que no llegan a la suela del zapato de los de aquel Saulo. En medio de una guerra civil encubierta, luchan espíritus que se aferran al poder con otros espíritus que si bien dicen defender la libertad, buscan en la mayoría de los casos ocupar el poder que abandonen aquéllos. Pocos son ya los espíritus encarnados en aquellas regiones que hubieran conocido a Jesús o que hubieran conocido a Pablo. Espíritus más jóvenes, comprenden a Dios con las atribuciones de un ser humano, creen en un Dios parcial que está del lado de uno o del lado de otros; y por eso todos claman al Cielo, todos claman a su Dios para que les dé la victoria militar. Sin embargo, Dios está del lado de la evolución, Dios es inmutable, es eterno, y como tal ama a todas sus criaturas por igual. Delante de los hechos temporales de la guerra en Oriente Medio, la visión, la postura divina es auxiliar a la criatura humana. Por eso desde la espiritualidad quisiéramos que Damasco simbolizara la nueva era, que aquellos espíritus encarnados en la ciudad actual pudieran ver también a Cristo, pudieran ver su resplandor y pudieran convertirse, como lo hizo Saulo, en seguidores de la espiritualidad superior. Si esto aconteciera, aquellos espíritus violentos, rebeldes y orgullosos, alcanzarían la mansedumbre, la humildad y la caridad que caracterizaron al apóstol de los gentiles.

Conocedores de las dificultades existentes para que tal hecho se produzca, deseamos que penséis que Damasco significa eso, la puerta del cambio, la puerta de la transformación espiritual. Y aunque aquella región esté en guerra, cuando penséis en la ciudad os acordéis más de los pasos de Pablo que no de los pasos de los espíritus hoy encarnados; que oréis por ellos y que sepáis que día llegará en que toda la humanidad encontrará su transformación.

Os amamos, hasta siempre.
Del equipo de Amalia.