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Amàlia 12-11-2011

ASSOCIACIÓ ESPÍRITA OTUS I NÉRAM

Tàrrega, 12-11-2011

Hermanos, hermanas, mucha, mucha paz.

Frecuentemente, el ser humano olvida fácilmente aquello que ya forma parte del pasado. Muchas veces la humanidad ignora los acontecimientos que se encuentran escritos en los libros de historia. Y sin entrar a valorar si los historiadores dicen toda la verdad, la ocultan o la manipulan, lo cierto es que si repasarais un poco acerca de las generaciones pasadas y supierais extraer lecciones, hoy en día vuestro mundo estaría en un estado superior. Lejos de eso, la mayoría de seres humanos encarnados dedican su tiempo libre a divertirse, a olvidarse de aquello que les acontece cada día, a ignorar aquello que debieran estudiar. De modo que es muy frecuente encontrarnos con personas que ignoran la historia de su familia, de su pueblo, de sus países o de sus continentes. Y lo que es peor, luego se sorprenden que les acontezcan circunstancias no deseadas.

No creáis que hablo por vosotros, que hablamos por occidente, no. Hoy vamos a hablar de un pueblo que aunque pueda pareceros lejano os es muy cercano, tanto geográfica como culturalmente hablando; se trata del pueblo turco. Hoy en día constituido como una democracia islámica, se trata de un país, de una región o de una cultura, que se ha encontrado siempre a caballo de oriente y occidente.

Cuando los Bárbaros invadieron el imperio romano, o si lo preferís, cuando el Imperio Romano se desmembró y dejó entrar a los Bárbaros, la cultura latina se refugió en el Imperio Romano de Oriente; con su propio emperador y sus propios papas, donde se dedicaron en la Edad Media a participar y apoyar las cruzadas. Después, como consecuencia sufrieron los ataques de aquellos que habían perseguido y habían intentado exterminar. Y entre muchísimas circunstancias, que no es este el objeto de la comunicación, podemos decir que cayó el imperio, se reconstituyó, dominó el Mediterráneo como Imperio Otomano y volvió a caer. Hoy intentaría nuevamente reconquistar, por un lado occidente, participando de la Unión Europea y también de la Alianza Atlántica, militarmente hablando. Pero no conformándose con esto intentarían imponer sus ideas, sus costumbres, al resto de pueblos islámicos. Sucede que como todos los grandes imperios terrestres, su historia siempre se haya manchada de sangre. No es porque los turcos sean gente más cruel, no es porque los turcos sean espíritus más atrasados que los demás, ocurre que frecuentemente, por no decir siempre, el poder obnubila las facultades mentales e intelectuales de los dirigentes, y cual droga subministrada al organismo físico, se instituye en una droga del actuar. De manera que a más poder, más poder se necesita, y a mayor número de súbditos, mayor número de súbditos se necesita, y a mayor riqueza acumulada, mayor riqueza se necesita acumular, en un círculo, en una espiral, que parece no tener fin. Pues bien, los turcos no han sido nunca una excepción.

Después del Imperio Romano fueron responsables de numerosos actos de piratería. Ya en el siglo XIX lucharon por dominar gran parte del Mediterráneo, y en todas sus actuaciones perecieron gentes inocentes. No vamos a hablar ahora de cruzadas, vamos a centrarnos en hechos más recientes. En el siglo XIX los turcos como pueblo, no como individuos, eran considerados como una de las potencias más importantes del planeta y podemos decir que ostentaban una enorme influencia en el Mediterráneo. Por aquéllos entonces no tenían problemas en pasar a sus enemigos, a sus rivales, por una ley de ajusticiamiento propio de los pueblos bárbaros. De modo que eliminaron aldeas, incendiaron pueblos, y el resultado era que mataron los cuerpos físicos de miles de personas. Sin buscar una relación directa de causa-efecto que establezca un día, una hora, un lugar, hemos intentado contextualizar el pasado para llegar ahora a un presente. Un presente que podemos decir que lleva más de cuarenta años aconteciendo, pues durante estas últimas décadas la anteriormente conocida como Anatolia, ha sido devastada, afectada por numerosos movimientos sísmicos. En estos movimientos sísmicos la ley de causa y efecto ha actuado. Pero no lo ha hecho como la ley del Talión, para castigar a aquellos que en otra hora mataron a sus semejantes. Lo ha hecho para equilibrar; para despertar también sentimientos de amor y solidaridad dentro del propio pueblo, para que se centraran un poquito más en sí mismos, para que vieran que la razón de ser de un pueblo no es dominar a los otros, sino ayudarse a sí mismos, a todos sus integrantes y tenderse la mano con los circundantes. Así, los últimos terremotos habidos en Turquía forman parte de este plan de rescate, que no financiero ni material, sino de este plan de rescate a nivel de deudas colectivas.

Sabéis que el planeta se encuentra en tiempos de saldar deudas, y los terremotos turcos forman parte de este plan de rescate de deudas. Sabemos que son dolorosas, pero sabemos que es un medio que funciona muy bien para extirpar el mal del egoísmo, para extirpar el mal de la violencia; y desde los planos superiores esperamos que sirvan para evitar futuras guerras, para evitar futuros enfrentamientos, y que estos espíritus que han desencarnado y que son acompañados por la espiritualidad, puedan renacer nuevamente, conscientes o inconscientes, pero sabiendo en su interior que no nacemos para hacer mal al semejante sino que lo hacemos parar ayudarnos los unos a los otros.

Nada más, mucha paz. Agradezco la oportunidad de expresarme, agradezco la oportunidad de Amalia de dejarme hablar. Aunque por mi acento os pueda parecer brasileño, lo cierto es que soy ciudadano del mundo, que aunque ahora esté destinado a países de Suramérica, viví en la región de Anatolia, renací dentro del cristianismo ortodoxo, y participé de cruzadas en contra de los hermanos musulmanes. Por lo tanto, tras la perspectiva de los siglos, desearos que os veáis todos como hermanos, que no haya ningún tipo de barrera entre vosotros y que la humanidad marche a paso firme y seguro hacia el mundo de regeneración.

Muchas gracias a vosotros y muchas gracias a Amalia. Hasta siempre.