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Associació Espírita Otus i Neram

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30-06-2012

ASSOCIACIÓ ESPÍRITA OTUS I NÉRAM

Tàrrega, 30-6-2012


Buenas noches. Hermanos, hermanas, mucha paz.

En tiempos de Cristo, los sacerdotes, los hombres de la ley, los grandes sabios, los grandes eruditos, los gobernantes, los poderosos -en suma, los mismos- pensaban que Jesús era un pobre loco. Después, con el tiempo pensaron que no sólo era un loco, sino que era un alborotador. Y ya cuando empezó a desarrollar toda su potencialidad y a mostrarse tal cual era, no pensaron más que fuera un loco, sino que era un cuerdo peligroso. Cuando Jesús hablaba del Padre, cuando Jesús hablaba de las leyes, dejaba a los sacerdotes pálidos. No podía ser que una persona humilde, sin dinero, de padres desconocidos o anónimos, les diera lecciones a ellos. Y esos orgullosos heridos, en lugar de seguir el camino mostrado, decidieron que era el momento de tapar la luz a los otros ciegos. Por eso Jesús decía que si un ciego guiaba a otro ciego lo más seguro era que los dos cayeran al hoyo. Y eso compañeros, los sacerdotes lo comprendieron, y pensaron que si era hijo de Dios, Dios le salvaría, y entonces ellos quedarían exculpados de sus crímenes, pero que si en cambio perecía en la cruz, tal vez no hubiera sido tan hijo de Dios como decía ser.
El caso es que han pasado los siglos, han pasado ya dos milenios desde aquellos hechos, y todavía hoy las mentalidades siguen siendo las mismas. Los espíritus han cambiado, han evolucionado, afortunadamente. Aquellos que eran verdugos hoy en día son trabajadores abnegados. No obstante, otros verdugos han llegado, algunos de los cuales no tienen nada que envidiar a aquellos primeros sacerdotes, fariseos y romanos que atacaron al cristianismo naciente. Hoy en día, nos encontramos con los fariseos de la ciencia, con los fariseos médicos que no creen en la existencia del alma. Pero más que no creer es que no desean, no que los demás crean, sino que los demás conozcan su existencia. De ahí los sofismos, de ahí también las malas artes empleadas con los enfermos mentales, de ahí también las malas artes empleadas por algunas farmacéuticas, etc.

Pero no estamos aquí para criticar ni para destapar aquello que ya salta a la luz de cualquiera con dos dedos de frente. Estamos aquí para poner de manifiesto que la actitud correcta es la misma que mantuvo Jesús. Frente al materialismo, frente a la hipocresía social que exalta a los vicios, la ociosidad por encima de la caridad y por encima de la moral y del desarrollo espiritual, debemos oponer los mismos argumentos que Jesús. Por algo nos decimos seguidores suyos, y por algo decimos que su moral es la más elevada que ha existido en el planeta Tierra. La moral de Jesús en estos casos consistía en encararlos de tú a tú con mansedumbre, con dulzura pero con claridad de ideas y con firmeza. Cuando alguien os diga que los espíritus no existen, miradle a los ojos y preguntadle: ¿Cómo lo sabe? ¿Quién se lo ha dicho? Que os lo razone y veréis que pasarán dos cosas: o dirán no tener tiempo o no encontrarán un razonamiento válido. Más extenso o más fundamentado o menos, decir que los espíritus no existen es un error. Pero es un error que cae por la propia realidad de los hechos, pero es que también a nivel filosófico es un error mayúsculo. Los padres de la filosofía temblarían, de hecho no tiemblan porque ya están más evolucionados; pero de estar encarnado Platón o de estar encarnado Aristóteles, temblarían ante los razonamientos de los materialistas, puesto que filosóficamente hablando no se sostiene la inexistencia de lo divino, la inexistencia del espíritu.

Y ya en el siglo XXI, cuando la realidad del espíritu y la existencia de Dios ha trascendido de la disciplina filosófica, para poder entrar en las disciplinas científicas, en las disciplinas empíricas, toca a los empíricos avanzar, dar un paso al frente. En el siglo XIX decían que no les cabía a ellos ocuparse de las cosas del más allá, que era terreno de la filosofía; en el siglo XX dijeron que la ciencia no debía traspasar unas barreras, barreras impuestas por ellos mismos. Pues bien, si la ciencia quiere avanzar, la ciencia debe penetrar la realidad del espíritu, y no hay más. Y así como Dios, como los planos superiores se sirvieron de Jesús y de los apóstoles para hacer saber al resto de humanidad la existencia de Dios, hoy os toca hacer saber a vuestros compañeros de encarnación de la existencia de los espíritus, de la realidad de vuestro propio ser. Por ello tenéis todo nuestro apoyo. Es más, somos compañeros, y si estuviéramos encarnados y vosotros desencarnados el papel sería perfectamente inverso. No sois superiores ni inferiores al resto de compañeros encarnados, pero sí que tenéis la tarea de difundir la idea.

Y no sufráis por lo que piensen, a nadie de los aquí presentes le van a encerrar en un manicomio. A Jesús lo crucificaron por criminal, pero no lo trataron más de loco ni de demente, por algo fue. Con vosotros puede ocurrir lo mismo, os pueden calumniar, os pueden incluso atribuir crímenes que tal vez no hayáis cometido, pero nunca os podrán encerrar por locos; porque un análisis serio del psiquismo de cualquier persona que conozca el Espiritismo, que lo comprenda y que lo practique, da como resultado una salud mental de hierro. Cuando la ciencia comprenda también este punto, la doctrina espírita formará parte de la terapéutica para la recuperación de las almas enfermas, no de los cuerpos esquizofrénicos, sino de las almas enfermas. Pues todos somos almas o espíritus, como vosotros queráis decir.

Os amamos, os deseamos fuerza y firmeza, y os hacemos saber que estamos a vuestro lado.

Muchísima paz y muchísimo amor. Hasta siempre.