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Amàlia 03-03-2012

ASSOCIACIÓ ESPÍRITA OTUS I NÉRAM

Tàrrega, 3-3-2012


Compañeros, compañeras, mucha paz.

Hace unos meses adquirimos el compromiso de buscar y comentar temas de actualidad. Ocurre que si buscamos temas muy personalizados podemos tocar sensibilidades que no podrían comprender estos trabajos. La experiencia de principios del siglo XX y finales del XIX era tocar temas personales única y exclusivamente cuando algunos familiares, conocidos o amigos realizaban la petición. No obstante, ahora tenemos la ventaja de conocer qué acontece al otro lado del planeta en sólo unos segundos, incluso a tiempo real, que llamáis vosotros. Por lo tanto, y aunque no sea puramente de actualidad semanal o mensual, es bueno analizar el concepto de “mercado financiero”.

En la antigüedad, en los orígenes de la civilización, un mercado era el sitio donde se intercambiaban productos y con los años se permitió que se intercambiaran servicios. No obstante, siempre ha habido ocasiones en que el bien a intercambiar ha acabado convirtiéndose en mercancía. Cuando se utilizaban conchas, los productores de las mismas gozaban de ventajas por encima del resto de la población. Las conchas fueron utilizadas porque era más fácil cambiar diez conchas por una gallina, que cambiar, por ejemplo, un caballo por cincuenta gallinas. Al darse cuenta de este pequeño problema se intentó que el vehículo de intercambio sirviera de alguna utilidad, y de ahí que pasara a utilizarse la sal como vehículo de intercambio por una razón sencilla: la sal era muy utilizada, era necesaria para las familias para poder conservar gran parte de los alimentos. Y de ahí nació el término salario, que era lo que le correspondía a un obrero y gracias al cual podía pasar más o menos una mensualidad. Sin embargo, la sal también era susceptible de acopio y el egoísmo humano se las ingenió para que unos cuantos dominaran el comercio de la sal. Se creyó después que lo mejor sería sacar una moneda de un metal noble, escaso, bien fuera cobre, plata u oro, y darle a la moneda el valor de su propio peso, con lo cual se universalizaba y se creía que no se podía falsear dicho valor. Algunos comerciantes empezaron a limar las puntas de las monedas, algunos empezaron a usar aleaciones, otros manipularon las básculas y llegó un punto en que tampoco funcionó.
En la época romana y en la época feudal fue cuando los metales tuvieron mayor desarrollo. Después surgieron los estados modernos y se creyó que lo mejor era guardar el metal precioso en cámaras acorazadas y dar un recibo, un papel que se podía cambiar. Los que conocéis la historia sabéis que no es exactamente así, sino que existían los cambistas, y que estos cambistas empezaban a dar sus propios pagarés, sus propios billetes. Cada banco hizo lo mismo, pero el caso es que el tema evolucionó y al final el papel de los cambistas y de los bancos lo terminaron desarrollando los estados.

En principio, todas estas fases sirvieron para el progreso humano, para el intercambio de productos y servicios. Nadie podía imaginar que nacerían a mediados del siglo XX, gracias a las ideas revolucionarias de la economía del siglo XIX, los mercados financieros. Primero mercados de divisas, en los que el valor de los billetes de un estado respecto a otro estaban relacionados con la cantidad de oro que guardaban sus reservas; empezando a tener sentido los términos de “inflación”, etc. Para llegar a todo esto había también el patrón oro, el patrón plata... Se llegó a problemas: Bretton Woods, las guerras mundiales... Surgieron nuevas ideas de circulación del capital y a principios del siglo XXI nos encontramos ya con un mundo en que una moneda de cualquier divisa puede ser intercambiada por cualquier otra moneda, por cualquier producto, por cualquier acción, etc., etc., en términos no de segundos, sino de milésimas de millonésimas de segundos. Desde un punto de vista humano es casi inconcebible, y desde un punto de vista espiritual todavía más. Todo esto lo que ha creado es lo que vosotros denomináis “mundo virtual”. Realmente existe un mundo físico y un mundo virtual que lo acompaña, pero os habéis olvidado en la ecuación la existencia del mundo espiritual.

Entonces, después de todo este pequeño prolegómeno queremos llegar a una conclusión dolorosa, y es que en un principio la economía era el arte de saberse administrar y era el arte de saber economizar recursos y estaba al servicio del progreso humano. Hoy en día no hace falta ser un gran sabio para darse cuenta que la mayoría de seres humanos vivís esclavizados por aquello que vosotros denomináis economía; y que sin ánimo de ofender a nadie, en muchas ocasiones lejos de servir al progreso del hombre, sirve para crear una nueva forma de esclavitud, una nueva forma de feudalismo, de servilismo que hace que muchos seres humanos sufran y padezcan.

En tiempos de mi última encarnación recuerdo con cierta tristeza y nostalgia que existía la pobreza, y ésta consistía en que muchos seres no tenían nada con que alimentar a sus familias, a sus esposas, esposos o hijos; y la sociedad se organizaba para hacer llegar aunque sólo fuera un pedazo de pan a cada casa. Hoy en día en un mundo occidental esta pobreza ha desaparecido grandemente, pero en su lugar existe una pobreza material todavía peor. Es que muchas familias viven endeudadas de por vida, sin una perspectiva real de libertad, sin una perspectiva real de poder escoger o elegir; y esto, que al tiempo es una prueba y una expiación, es una situación muy dolorosa.

Por lo tanto, más que daros lecciones, más que daros instrucciones, os hacemos un llamado a la reflexión, sobretodo a la compasión; y para que os dirijáis a la gente a la que consolar y ayudar. Nos estamos refiriendo a aquellos que han perdido sus viviendas, sus trabajos, pero sobretodo su ilusión y sus ganas de vivir. El Espiritismo tiene la obligación de explicarles que somos espíritus inmortales, que la materia no es lo más importante, que lo más importante es el progreso del espíritu. Y aunque os objeten que necesitan comer, una vez hayamos satisfecho nuevamente sus necesidades básicas, debemos explicarles que entre todos debemos construir este mundo en que vivimos, que será un mundo de regeneración, pero que debemos construirlo desde puntos de vista y desde bases espirituales.

Os amo, os amamos mucho. Hasta siempre.

Amalia