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Amalia 27-12-2014

Associació Espírita Otus i Néram
Tàrrega, 27 de desembre de 2014

Hermanos, hermanas, Paz.

Hoy habéis generado un clima muy bueno. Sin siquiera haber estado ahí, habéis sido capaces de trasladaros mentalmente a la mítica ciudad de Cartago. Habéis participado del recuerdo de los que hemos estado ahí trabajando. Fuimos invitados con mucha antelación, fuimos preparados y tras comprender que nuestro pasado estuvo vinculado al "Mare Nostrum", al Mar Mediterráneo de hoy, y que norte y sur, todo era lo mismo, toda la civilización era lo mismo; no hemos podido menos que sentir que se trataba de un trocito de nuestro pasado, de un trocito de nuestras existencias anteriores.

Cuando estamos del otro lado y tomamos conciencia de lo que hemos vivido, entramos en vértigo. Y no un vértigo positivo, sino muchas veces un vértigo producido por el tiempo perdido. Yo antes de encarnar, en mi última encarnación me pregunté cómo es posible, con todo lo que sabes, con todo lo que sientes, que todavía no seas capaz de andar recto. Y tuve suerte, mucha suerte, de hecho me siento siempre permanentemente afortunada. No por bienes materiales, sino por las compañías, por los seres queridos.

Puedo recordar que en tiempos de Jesús, yo fui leprosa, y no sólo de alma, sino de cuerpo. Y aquella mujer desheredada y abandonada de todos nos limpiaba las llagas. Ella enfermó de cuerpo, pero su alma brillaba, y ahí nosotras, pequeñas, decidimos que también íbamos a brillar. Adquirí virtudes, adquirí inteligencia y en la Edad Media no se me ocurrió otra cosa que ser un poeta satírico. Hacía sátiras de todo, me reía hasta de lo más sagrado, pensando que así divertía, pensando que así a las gentes distraía. Y al llegar del otro lado resultó que no, que a muchos había desviado, a mí mismo, en aquella encarnación masculina. Y volví para ser poetisa, pero poetisa para el alma. Empecé a cultivar flores, como aquella que cuidara leprosos, como aquella que cuando vivió en la Edad Media, aspiraba los perfúmenes de las flores invisibles para los demás, pero tangibles y olorosas para ella. Aquella Teresa, no quiso llamarse más Míriam, ni María, sino que optó por cambiar de nombre, y pasara a ser conocida como Teresa. Una existencia nueva, sin vinculación con el pasado.

Y esto ahora compañeros, en el siglo veintiuno, es lo que os toca ser, es lo que os toca hacer, es lo que os toca aprender, lo que os toca conocer. Que el ser llega a un punto, en que quiero olvidarse de todo, quiere empezar de cero, y no puede ya esperar a volver a nacer, debe renacer en esta misma encarnación, para dar flores que a su vez den fruto, no en la próxima, sino en ésta. Todos tenéis jardines que cuidar, el íntimo, el personal, pero también tenéis familias, seres queridos que no están ahí por casualidad. Porque el perfume de una flor olorosa, puede ser muy benefactor, pero si no hay nadie quien pueda olerla, ¿qué será de esta flor? Necesitamos por lo tanto, rosas que tengan espinas, para que a su vez crezcan, florezcan y exhalen su propio perfume. Y así podamos construir jardines, y así un día esta península, que en su día fue guiada por leprosos del alma, vaya siendo de una vez regenerada. Cuando hablo de los leprosos del alma, me refiero evidentemente a aquella sagrada y santa institución que fue conocida con el nombre de inquisición. Derribada fue por fin y estamos gozosos, no obstante después de la destrucción llega la hora de empezar la reconstrucción y todavía nadie fue capaz en esta península, de tenderse lazos de amor. Continúan las derechas luchando contra las izquierdas, continúan los ricos pisoteando los pobres, y los pobres intentando tumbar a los ricos para ser ellos nuevos tiranos. Es la historia interminable, que solo tendrá fin cuando al fin se comprenda la finalidad de la existencia. Estamos aquí para vivir, para sentir, no para sufrir, pero sobretodo, para resurgir. Para ser lo que debemos ser, para ser grandes, dichosos, haciendo bien al otro queriendo bien al prójimo, auxiliándoos, trabajando. Y yo pequeña que fui, pequeña que soy, sigo aquí trabajando; bajo el amparo, bajo la mirada, bajo las directrices de esta mujer realmente santa, de esta nueva Teresa, de aquella que en el pasado sufrió en el alma, aquellos tormentos de los errores. Y que hoy, ya sublimada me permite presentarme a viva voz, presentarme como soy. Lo que soy, es resultado de lo que fui, pero sobretodo, del esfuerzo en lo que quiero ser. Y deseo que vosotros queráis ser, lo que debéis ser, que vosotros améis, a quien debéis amar, y que en esta convivencia entre los dos planos, podamos irnos auxiliando.

Estoy muy contenta de pasar de nuevo, estoy muy contenta por los progresos realizados, y recordaros que os sigo amando, recordaros que no estoy sola, que somos un equipo, que vosotros nunca estáis solos, que sois también un equipo. Que entre encarnados y desencarnados, todo lo podemos, porque seguimos las directrices de Teresa, quien a su vez sigue las directrices de Jesús, quien a su vez como habéis conocido hoy tiene a sus quinientos principales trabajadores repartidos por todo el globo, ora encarnados, ora desencarnados, trayendo la simiente para el mundo de regeneración.

Tened todos paz y tened todos amor, hasta siempre.
Amalia.