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22-04-2017 - 160 años de "El Libro de los Espíritus"

Buenas noches:

Nos alegramos que continúen ustedes con sus estudios, a pesar de las dificultades, y a pesar de los placeres abundantes que tienen a su alcance. A eso se le llama renuncia, y es imprescindible para seguir éste y cualquier otro camino de índole espiritual.

Renuncia a aquello que nos hace la vida más fácil, renuncia a nuestro tiempo de ocio, renuncia a los vicios. No obstante, nunca renunciar al mundo, a la familia, a la amistad, sino saber encontrar su tiempo, su espacio. Dicho esto, comentar que el trabajo fue realizado como en otras ocasiones y que todo el equipo de trabajadores estamos dispuestos a aguantar las investidas y a seguir adelante.

Hace siglos que transitamos los caminos del tanteo, del error-acierto, error-error más que acierto, tres veces erro y después corrijo; sé el camino, pero no lo elijo, etc. Y hoy también como espíritus estamos preparados para intentar crear causas positivas en nosotros y en ustedes, para que cuando reencarnemos, ustedes u otros espíritus amigos también nos auxilien a no errar el camino.

Hace ciento sesenta años, tres días atrás, el dieciocho de abril, cuando Allan Kardec lanzara “El Libro de los Espíritus”, ni él mismo era consciente de la importancia y repercusión de la obra lanzada. En mil ocho cientos cincuenta y siete se escribieran miles de libros, y miles de libros fueron publicados en París. No obstante, solamente uno tenía el halo luminoso que rasgaba el velo del plano espiritual y penetraba en la esfera de los fluidos físicos para dar al mundo lo que no está en el mundo; para dar al espíritu lo que es del espíritu. Ahí estaban congregados, millares de espíritus cristianos, que a partir de ahí, un poquito antes o un poquito después, asumieron el compromiso de convertirse en espíritus espíritas, más concretamente de seguir siendo espíritus cristianos a la luz del espiritismo.

Nosotros mismos estábamos encarnados cuando la obra de “El Libro de los Espíritus” nos llamó la atención, nos conmovió y nos cambió la vida. Pero no entendimos todavía todo su alcance, acostumbrados al catolicismo, pensamos que “El Libro de los Espíritus” podría ser una nueva Biblia, que el hecho de tocarlo nos haría santos, nos haría invencibles, invulnerables, que nos volvería de repente seres elegidos y protegidos. ¡Y no!

La base del cristianismo no es ser superior a nadie, es volverse pequeño, recorrer el camino de la humildad, situarse por debajo de quienes nos rodean, situarnos por debajo de nosotros mismos y trabajar, auxiliar, amar. Tal es lo que venimos realizando con ustedes y con muchos otros, y tal es lo que esperamos que ustedes sigan haciendo para que la luz brille; no porque venga de lo Alto, sino porque salga de sus corazones, salga de los poros de su piel y aquellos que les rodean, aun sin comprenderles entiendan de la importancia y de la santidad de la tareas comprometidas desde antes de encarnar.

Tengan todos paz, tengan todos amor, queden toda la vida con Jesús. Hasta siempre.