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08-04-2017 Mente

Hermanos, hermanas, paz.

Hoy vamos a intentar ligar los conceptos, aclarar, ampliar para que aquellos estudios que hacéis en los comienzos de las reuniones os sean más amenos y llevaderos.

Estáis estudiando el campo mental, estáis estudiando la mediumnidad, los campos electromagnéticos y algunos conceptos que pueden pareceros extraños. No obstante, conviene aclarar que el estudio, la cultura, la instrucción del médium y del equipo mediúmnico es imprescindible para el buen desarrollo y crecimiento de las actividades entre los dos planos de la existencia.

Si algo debemos tener muy claro es que cuando seguimos cualquier camino espiritual, y con ello nos referimos no únicamente al espiritismo; es que se nos hace imprescindible llevar una vida sana, una vida recta, ducharnos, lavarnos los dientes, llevar una buena higiene corporal, pero sobretodo y a diferencia de las demás personas de este mundo, llevar también una buena higiene de nuestra mente.

A menudo achacamos a fuera de nosotros males que nos son propios, también a menudo buscamos que los demás solucionen nuestros conflictos interiores; de ahí la necesidad de comprender que somos generadores, emisores de pensamientos. La mente es similar a nuestro sistema digestivo y es similar en cuanto nosotros le damos alimento y después lo digerimos e incorporamos al resto de nuestras células. Cuando nosotros comemos comidas ligeras, equilibradas, la digestión se hace de forma natural, dándonos bienestar y vitalizando todo nuestro cuerpo. En cambio, cuando nos derivamos a comidas pesadas, saturadas, alcoholizadas, o simplemente manufacturadas en exceso, las digestiones se nos hacen duras, pesadas y luego eso repercute también en todo nuestro tono corporal; de ahí que los médicos nos enseñen y nos eduquen a llevar una alimentación sana y equilibrada.

En la mente sucede lo mismo: si vamos a pasear por el campo; si vamos a estar rodeados de amigos y de conversaciones edificantes; si ejecutamos nuestro trabajo con alegría y buen humor; si vivimos una vida familiar normalizada y con ganas de auxiliar y de estar disponibles para nuestro prójimo; si leemos, estudiamos, nuestra mente va a ir digiriendo aquellas sustancias sutiles que no se ven, aquellas partículas que estamos estudiando, aquellos corpúsculos mentales que van a ir siendo asimilados por nuestro periespíritu y que van a repercutir en un buen ánimo y en un buen tono físico y espiritual.

Por contra, cuando nosotros vivimos volcados en la conflictividad política, en las guerras, en los chismes, en los rumores de lo que dicen o lo que dejan de decir; en definitiva, cuando dejamos que nuestra mente divague sin un objetivo determinado, sin aportar ni recibir positividad, entonces nuestro tono disminuye, aumenta nuestra fatiga y a veces parece que el mundo se nos coma.

Queremos pues recordar la importancia de la higiene mental; todos podemos tener un mal día, todos podemos tener desencuentros, problemáticas, pero más importante que tener o no tener, lo importante es que nos afecten o no nos afecten. Hay personas que a la menor contrariedad saltan; lo que es peor, hay personas que crean contrariedades en los demás; en cambio hay personas pacíficas, tranquilas, que no se alteran, no por indiferencia, sino por intento de calmar las aguas.

Entonces procuremos ser de los pacíficos y pacificadores, y no de los tumultuosos y tumultadores. Intentemos comprender que Jesús vivió en el mundo y no se alteró; Jesús vivió en el mundo y aportó de su psiquismo a los demás. Seamos también nosotros portadores de una mente limpia, sana y equilibrada; puesto que el mundo, nuestros compañeros, nuestros familiares, nuestros vecinos necesitan también de nuestra mente sana y equilibrada para que sutilmente, indirectamente, les vaya llegando también este alimento y esta tranquilidad de origen espiritual.

Tengamos todos paz, tengamos todos amor, pero sobre todo seamos pacíficos y seamos amorosos.

Mucha paz, mucho amor. Hasta siempre.