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11-05-2013 Crisis europea i paper de Catalunya

ASSOCIACIÓ ESPÍRITA OTUS I NÉRAM
Tàrrega, 11-05-2013


Pregunta: Con esta crisis actual en Europa, ¿qué papel tiene Cataluña para el cambio?

Hermanos, hermanas, mucha paz.

Desde hace milenios que la planificación espiritual para el planeta contempla la unión de todos los seres humanos. Cuando hablábamos de “Igualdad, Libertad y Fraternidad” resaltábamos que era un proceso. El concepto de libertad fue tomado de inmediato, la criatura humana comprendió que nadie podía imponerse a su voluntad, y creyó que eso era volverse libre. La igualdad también fue asimilada, sobretodo desde los de abajo, dijeron que si había reyes, ricos y poderosos, ellos también debían participar de la fiesta y del pastel. Sin embargo la fraternidad quedó allí, un poco relegada, como la marginada de las tres. Nadie comprendió que fraternidad quiere decir hermandad, que sin fraternidad no habrá libertad, no habrá igualdad, del mismo modo que sin igualdad y libertad no habrá fraternidad, o que sin igualdad y fraternidad no tendríamos libertad. Son tres patas del mismo trípode. Conviene resaltar que la fraternidad significa aplicar la máxima evangélica de Jesús de amar al prójimo como a uno mismo. Puesto que no podemos sentirnos hermanos de alguien a quien no amamos, y no podemos pretender que los demás nos amen a nosotros si nosotros tampoco somos capaces de hacerlo. Con todo ello queremos introducir el tema que nos planteáis.

Ya desde los primeros hombres que se llamaron civilizados existió la problemática de la posesión del territorio, en un principio para buscar seguridad, después para buscar defensa, se marcaron líneas de protección que hoy vosotros conocéis como fronteras. Ahí donde una tribu disponía de todo lo necesario para su desarrollo ponía un límite, y así permitía que otra tribu gozara de aquello que había en el otro límite. No se trataba de conseguir el máximo territorio posible sino que se trataba de gestionar, de utilizar el territorio que se autoasignaba cada tribu. Sin embargo, con el crecimiento demográfico, el desarrollo de la escritura, de la razón, fue surgiendo el ansia del poder, de la dominación. Y entonces no fueron pocos los pueblos y las civilizaciones que lucharon pura y simplemente por ampliar sus bordes, por ampliar sus fronteras, con el único objetivo de ser más poderosos que los demás. Querían aprovechar los recursos de los demás para sí mismos y organizaron leyes, organizaron una jerarquía material, organizaron ejércitos y organizaron lo que eran los rudimentos de los antiguos estados. El Imperio Romano simboliza el auge del materialismo, de la vida material, del buscar el placer inmediato, del fijarnos en ampliar fronteras, fronteras materiales, y olvidarnos de la espiritualidad hasta tal punto que el Imperio Romano adoraba a sus dioses y a los dioses de los conquistados, porque realmente no creían en la existencia de Dios. Creían en la existencia del dinero, de los bienes, y por eso se comportaban de la manera que se comportaban.

Han ido pasando los siglos y hoy veis resurgir antiguas tendencias, antiguos egoísmos por todo el globo. Pensad que Europa luchó en guerras durante siglos. Ya la caída del Imperio Romano fue una guerra en sí mismo. La instauración y la caída de las monarquías visigóticas, de los pueblos venidos del norte, fue una guerra en sí mismo. La lucha contra musulmanes, contra judíos, fue una nueva guerra. Las famosas Cruzadas, primero contra cristianos, después contra musulmanes, fueron otras guerras. Y así hasta llegado apenas hace setenta años, donde Europa se sumió en las dos guerras más terribles que ha visto el globo, la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

Entonces, hoy os sorprenden las luchas ideológicas, las diferencias culturales, las diferencias entre países, y eso es porque creíais haber aprendido la lección. Creíais haber comprendido que la fraternidad entre pueblos y entre naciones es necesaria, puesto que el sufrimiento de siglos de guerras no es deseable ni para uno mismo ni para los demás. Sin embargo, si analizáis bien la situación vais a daros cuenta que la causa-efecto de aquellas guerras todavía persiste. Persisten los odios, persisten los deseos de venganza, persisten los deseos de dominación, y todavía hay quien clasifica a los otros entre vencedores y vencidos. La mayoría de europeos no han aprendido todavía a tratar a los demás como a hermanos. Una mentalidad tan arraigada cuesta siglos de cambiar. Sin embargo, muchos han sido los esfuerzos y muchos son, todavía, los esfuerzos que se invierten desde el plano espiritual para que toda la humanidad, para que todo el globo comprenda que una guerra no lleva a ningún sitio y que sólo el amor al prójimo puede auxiliarnos a nosotros mismos al tiempo que auxiliamos a nuestro hermano.

Preguntáis sobre las identidades nacionales europeas, sobre los estados, sobre su papel en la unión. Sin la introducción no podríais comprender lo que ahora vamos a exponer.
La Unión Europea se dice que tiene veintisiete estados que la forman. A nadie escapa que dentro de cada estado existen diversas nacionalidades, naciones, sentimientos... Si analizáramos bien los pueblos que conforman Europa, veríamos que veintisiete es un número que se queda extremadamente corto, probablemente haya cincuenta, sesenta, e incluso setenta formas culturales bien definidas dentro de la Unión Europea. Y esto complica muchísimo el tema de la unión. Conviene decir que espiritualmente hablando nadie es gallego, nadie es bretón, nadie es sardo, catalán, francés, lapón, o cualquier otro adjetivo que quiera ponerse. La cultura de todo el globo tiende a convergir, todos habéis asimilado las tecnologías, todos estáis imbuidos de la revolución tecnológica, todos comprendéis que las fronteras son algo del pasado, algo virtual; entendéis que una misma moneda sirve para entenderse, que un mismo idioma internacional sirve para comprenderse, y todo esto son avances reales a los que ya habéis llegado. El problema surge cuando la unión, cuando la fraternidad, cuando la solidaridad quiere imponerse. Cuando alguien quiere imponer a otro una forma de ser o de pensar, va a chocar y va a recibir una fuerza directamente proporcional a la fuerza invertida a su propia idea. Si los espíritus hubieran querido imponer el Espiritismo en el siglo XIX, hoy en día el Espiritismo no existiría, porque la fuerza contraria habría sido muy superior a la que ya fue en su día.

Pasadas las guerras mundiales surgieron corrientes directamente dimanadas de la espiritualidad. Se acordó olvidar el pasado, perdonar a los enemigos, no buscar culpables sino soluciones a la lamentable situación en que quedó toda Europa. Se invirtió dinero, se invirtieron esfuerzos humanos, única y exclusivamente con el fin de que no volviera a surgir una nueva guerra, de que la gente pudiera alimentarse, pudiera tener trabajo, pudiera sentirse libre. Y además todo en un marco protector de justicia social, de democracia, donde todos pudiéramos crecer. Algunos países teníais en aquellos momentos regímenes dictatoriales que a pesar de marchar en paralelo a todo el progreso, ibais rezagados. La idea de la espiritualidad era, y sigue siendo que se produzca una unión real, pero una unión voluntaria. Siempre y cuando se tienda a imponer a otro una forma de pensar va a resurgir la necesidad de protegerse y, por lo tanto, las identidades nacionales y estatales van a salir con fuerza.

Me explico. Si por ejemplo un país de la Unión Europea realiza esfuerzos para que el resto de países se desarrollen, evidentemente por interés pero también por ley de causa-efecto, el resto de países se le van a sumar y va a conseguir aliados, amigos, y van a caminar todos a una. Sin embargo cuando un estado realiza políticas que van en contra del resto de países, forzosamente va a encontrarse con la oposición y el rechazo del resto de países. Igualmente y buscando un caso más particular, si nos centramos en vuestro estado podemos ver lo mismo que sucede a escala europea. Si el gobierno que rige la península o la parte de península que llamáis España se preocupa por el desarrollo de todos sin perjuicio de ninguno, entonces todos vais a sumar para tirar adelante. No obstante, si alguien por intereses particulares (sean electorales, económicos o ideológicos) pone impedimentos a que determinadas regiones desarrollen su cultura, su lengua, su economía y su esfuerzo, van a recibir el rechazo de estas mismas regiones; y va surgir allí una identidad nacional contrapuesta a la identidad recentralizadora. Este ejemplo que tenéis vivo en vuestro estado y en vuestra región, puede ser asimilado a toda la Unión Europea. Si la Unión Europea quiere imponer sus propias reglas al resto de países, de territorios, va a recibir un rechazo y un incremento de la identidad nacional de estos estados. Sin embargo, si el gobierno central, la comisión, el parlamento europeo, realiza políticas redistributivas y sobretodo de desarrollo de todos para con todos, va a recibir todo el apoyo. Ésta es la idea principal con la que os debéis quedar. Porque también respondiendo a vuestras dudas, la libertad implica que el ser pueda escoger su camino, que una familia pueda escoger donde reside y donde trabaja, pero que también un pueblo, o una nación, o una región, pueda escoger si pertenece o no pertenece a un proyecto común, si pertenece o no pertenece a otra estructura. Lo deseable, lo espiritualmente correcto, es que la unión se efectúe, pero lo también correcto es que no haya un ahogamiento de uno para con otro.

Entonces, existen seres espiritualmente preparados y lo suficientemente inteligentes, para comprender lo que estamos diciendo. Estos seres preparados se encuentran en Cataluña, en España, en Francia, en Inglaterra, en Alemania, en todos los países que forman la Unión. A estos seres les corresponde la responsabilidad de saber tomar el mando, de saber guiar a sus pueblos, a la masa entera, en una dirección común, viviendo y dejando vivir, auxiliando y dejándose auxiliar. Porque debéis pensar que ninguno de los sesenta o setenta pueblos que hemos mencionado anteriormente es mejor, pero tampoco peor que el resto. La humanidad siempre ha avanzado cuando se ha propuesto construir cosas nuevas, cuando se ha propuesto alcanzar objetivos comunes, y siempre ha retrocedido cuando el egoísmo se ha instalado.

Lo que está ocurriendo hoy es consecuencia directa de lo que estamos exponiendo. Mientras un país vaya bien a causa de que otro país pase miseria, aquí va a haber una confrontación de intereses. Mientras no seáis capaces de regular la Unión Europea como un todo, no como 27 fragmentos o sesenta fragmentos, sino como un todo en el que todos participan en condiciones de igualdad, el proyecto no va a avanzar al ritmo que debería avanzar. Todo esto desde un punto de vista material, y sin pretensiones de sentar cátedra ni de cansar a nadie.

Como siempre, nos gustaría aportar nuestro granito al punto de vista espiritual. Todos conocéis las estructuras de los países, todos conocéis la existencia de nacionalidades, de naciones sin estado, de pueblos, de idiomas y de culturas varias, habéis olvidado sin embargo, la existencia de los protectores espirituales de todos y cada uno de estos estados, naciones, o pueblos. Todos ellos trabajan en conjunto y trabajan en común. No tendría sentido que los protectores de España trabajaran a espaldas de los protectores de Francia, o que los protectores de Cataluña trabajaran de espaldas a los protectores de Extremadura. Eso es un sinsentido. En los planos superiores todo es coordinación, cada cual se ocupa de su zona, de su región, de su familia, o de su espíritu tutelado, pero el objetivo es común. Debéis hacer un esfuerzo por conectaros con esta espiritualidad. Toda criatura humana debe conocer la existencia de tales protectores, la existencia de tales directrices. Y ahondando un poquito más en la cuestión, diremos que Europa goza de unos protectores espirituales envidiables; en el sentido que han tenido numerosas existencias en el plano físico, han participado de la civilización del globo entero, fueron a acompañar a los conquistadores del nuevo mundo para suavizar su látigo, acompañaron el desarrollo del evangelio cristiano desde los primeros siglos, acompañaron el desarrollo filosófico de Grecia, acompañaron también la abundancia de Egipto, el desarrollo judaico con la ley de Moisés; y todo este conjunto de espíritus podría perfectamente dirigir al mundo entero. Sin embargo la mayoría de ellos están centrados y focalizados en Europa, porque Europa, recordemos, ha sido el foco de la mayoría de las tensiones del globo. Ahora miráis a Oriente Medio y decís, “esa gente no está civilizada”, tenéis cierta razón, pero olvidáis que están como vosotros hace menos de cien años, por lo tanto, no están tan atrasados como vosotros creíais.

El mundo debe avanzar hacia adelante y debéis quedaros con la idea de que lo que conviene es construir. Debéis construir Europa, debéis construir un mundo, pero debéis también construir una espiritualidad acorde con los nuevos tiempos. Ligados a estos guías que hemos mencionado existen colonias y ciudades espirituales. Ligados a estos guías, mensajeros de lo alto están sembrando las semillas de la espiritualidad a través del Espiritismo, que no casualmente nació en Europa, en el corazón de su tiempo, nació en París porque París era la Roma del siglo XIX.

Tened paz, tened amor. Hasta siempre