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19-01-2013 - Classe governant

ASSOCIACIÓ ESPÍRITA OTUS I NÉRAM

Tàrrega, 19-1-2013


Hermanos, hermanas, mucha paz.

Cuando nosotros planteábamos que hicierais preguntas acerca de la actualidad, intentábamos expandir, abrir vuestras mentes, introducir el componente espiritual en el seno de los planteamientos materialistas, desmontar el planteamiento materialista haciendo ver que existe una razón por encima de estos planteamientos, razón precisamente de índole espiritual.

Hoy, en resumidas cuentas nos preguntáis si la clase política está separada de la realidad del ser humano. Lo cierto es que la pregunta puede ser respondida desde diversas ópticas, desde muchos puntos de vista, todos ellos desde un punto de vista espiritual. Sin embargo, antes de llegar a la respuesta espiritual conviene hacer un pequeño análisis de la materia.

A veces existe todavía la concepción de que la clase política, la clase dirigente, la que en otrora fuera la nobleza en el tiempo del feudalismo, la que en otrora fuera el ejército en tiempos de los romanos, la que en otrora fuera la casta sacerdotal en época de los judíos, de los hindúes, etc., en resumidas cuentas, parece que la clase dominante sea distinta de la clase popular, de la masa, para entendernos. Nada más lejos de la realidad, poned a un espíritu que encarne en un político hoy, en otra existencia en la clase popular y se comportará como tal; poned a alguien de estos que están protestando, de estos que se están rebelando contra los políticos dentro de los movimientos populares, ponedlo dentro de un gobierno y se comportará como el peor de los políticos. Por lo tanto, no hay diferencias entre seres humanos de un sitio y seres humanos de otro. Existen grados evolutivos, existe la ley de afinidad. Y si os fijáis bien, lo que está ocurriendo ahora es una no identificación de las masas populares con los gobiernos, con los gobernantes, los dirigentes o políticos que dicen representarles, pura y simplemente una no identificación. Y existe una razón material a la misma, y es que mientras unos viven con privilegios, los otros están pagando los sacrificios, a su punto de ver excesivo.

No obstante, descorriendo el velo espiritual, es lógico entender que los que hoy son políticos ayer fueron populares. Como clase popular, con todo el respeto de los que hoy formáis la masa, en otras encarnaciones habéis podido ser políticos, religiosos, nobles, plebeyos, etc. Puesto que vivimos en un mundo en el que la reencarnación es desconocida, pero en el que la reencarnación es una realidad. Por lo tanto, desde esta óptica la respuesta es que no hay un distanciamiento como pueda pareceros. Hay eso sí, muchísima envidia, muchísima rabia, no por las injusticias que se cometen por las clases dirigentes, no por un sentimiento de piedad, de comprensión y caridad, sino por un sentimiento de envidia de la situación privilegiada del otro.

Si queréis, si se quiere, desde las clases bajas, medias, se puede hacer mucho por el prójimo, muchísimo, puesto que no es el dinero únicamente lo que puede cubrir las necesidades de nuestros compañeros de encarnación: el afecto, la instrucción, la compañía, los pensamientos saludables son mucho más importantes que cualquier sueldo. No obstante, en un mundo materialista valoráis a la persona por lo que tiene, por lo que gana, no por lo que es. Entonces mentalmente, conceptualmente, dividís a las personas en clases: clase pobre, digamos la que gana menos de 600 euros al mes, porque hasta esto cuantificáis, clase media la que alcanza los 2.000 euros, clase rica la que pasa de 3.000 euros, y llegará a 10.000-12.000; y la clase corrupta o de otra galaxia, como queráis decir, a todo el que gana más de esto, incluidos banqueros, dirigentes de multinacionales, políticos, deportistas, etc. Éstos lo colocáis en otra galaxia y muchas veces los exculpáis más que el alcalde de vuestro pueblo, que puede estar ganando un sueldo de 3.000 euros.

Con todo esto estamos haciendo un planteamiento material para clarificar. A partir de aquí nos gustaría diluir este pensamiento espeso, aportar un poco de claridad y explicar que desde la noche de los tiempos la sociedad humana ha precisado organizarse para alcanzar mayores cotas de civilización. Una civilización anárquica tiende a disgregarse, tiende a desaparecer; una sociedad en la que predomina el libertinaje tiende a desaparecer, y cuál aconteció con el antiguo Egipto, con el Imperio Romano, con la sociedad feudal, y con todas y cuantas hayan de venir que realicen los mismos planteamientos erróneos; cuando la clase dirigente no se ocupa de su verdadera tarea, de su verdadero encargo, que es la de organizar la sociedad, para que esta sociedad, para que esta civilización avance hacia adelante, entonces esta sociedad, imperio, civilización, se va a disgregar. Por lo tanto, es muy cómodo decir este rey, este gobierno, este sacerdote, este dictador, en definitiva, este “mandamás”, lo hace mal.

Pero si realmente el individuo o individuos que están al frente de un colectivo, a nivel local, a nivel autonómico, a nivel nacional o supranacional, están haciendo lo que hacen con miras a que la sociedad vaya mejor, estarán recibiendo un auxilio espiritual que sus economistas, que sus pensadores, no tienen en cuenta. Puesto que siempre se os ha dicho que el que se esfuerza es auxiliado, entonces aquellos países, o gobiernos, o familias, o individuos, que se esfuerzan, aunque a veces tengan planteamientos erróneos, el simple hecho de esforzarse y tirar para adelante hace que eso pueda acontecer; y desde el plano espiritual se mueven los hilos y se realizan los trabajos y acciones necesarias para que eso tire adelante.

Así pues, después de la segunda guerra mundial, que es lo que tenemos más reciente, se instalaron unas políticas que ustedes mismos denominaron de “Keynesianismo”, que consistían en el estímulo de la demanda agregada que había quedado anulada. En aquel momento se tomaron esas políticas para auxiliar a una población que había sufrido una guerra terrible, y aquella población aceptó esas políticas puesto que tenían en mente tirar adelante, reconstruir lo que había caído y construir una sociedad en paz y mejor. Entonces, no fueron las políticas adoptadas las que trajeron prosperidad a Europa, aproximadamente desde los años 50 hasta los años 70, sino que fue la actitud tomada por los dirigentes y los ciudadanos la que dio el impulso gigantesco en la modernización. En aquellos momentos inspiraba el pensamiento reconstructor, la idea de construir una sociedad mejor, que se basó en lo que ustedes denominaron estado social, estado del bienestar. Y en tanto en cuanto este estado estaba diseñado para auxiliar al pobre, para auxiliar al enfermo, al necesitado, recibió todo el apoyo de los planos espirituales, puesto que se estaba plasmando en la Tierra la forma de funcionar que existe ya en los planos superiores.

No obstante, llegó un punto en que ni los dirigentes ni los pueblos eran ya movidos por el deseo del progreso y del bienestar colectivo, sino que precisamente fueron movidos por otros deseos: la avaricia que ustedes han leído, el egoísmo, el orgullo, las ganas de imponerse a otros países y a otras sociedades, el deseo de sobresalir, el deseo que un determinado grupo político está por encima de los intereses de una nación, etc., etc., ha ido conformando paulatinamente el pensamiento que mueve hoy en día al mundo. Y es un pensamiento egoísta, en que antes se mira si aquello que voy a dar me va a ser retornado con intereses, si aquella inversión que voy a realizar me va a producir un beneficio, si aquel auxilio a aquel país en problemas me va a traer una contrapartida, antes que pensar en el bienestar de los países que se intervienen, de las sociedades que se están gobernando, etc.
Hoy en día, parece lógico pensar que todo político sea corrupto, todo rey sea corrupto, todo régimen sea corrupto, y francamente, si se ha llegado a esta conclusión ha sido por méritos y por esfuerzos propios de políticos, banqueros, pero no olvidemos también que el pueblo ha estado viviendo unos años pensando egoístamente en sí mismo. La gente ha trabajado no por alzar un país o un colectivo, sino por tener más derechos, por tener más dinero, por ser más que los demás. Entonces, se perdió el espíritu de trabajo, se perdió el espíritu de colectividad.

En el siglo XIX se hablaba que el capital alienaba al trabajador, pero hoy podemos afirmar sin temor a equivocarnos que no hace falta el capital para alienar a nadie. Simplemente la idea materialista está autoalienando a las personas. Las personas viven para su ordenador, para su vehículo, para su casa, pero no para la sociedad. Entonces, han sido necesarios los problemas actuales, ha sido necesario aunque sea doloroso que mucha gente perdiera su casa, para que esta misma gente se diera cuenta que existen otras personas, en igual o peor situación que ellos, y entonces se reasociaran, se plantearan problemas colectivos, con miras a solucionarlos colectivamente. Porque los que ahora están luchando por las hipotecas, no luchan por su hipoteca sino que luchan por la hipoteca de los demás. Esta actitud de justicia para los demás antes que para uno mismo es la necesaria. No están reclamando únicamente venganza, lo cual sí es una situación negativa, porque de nada va a servir llevar a la guillotina a todos los banqueros, no vamos a solucionar nada, como no lo solucionó la Revolución Francesa cuando optó por estos derroteros.

No obstante, ciertamente esta consciencia de lo que está pasando, de la situación económica real, es un preludio de un nuevo cambio de actitud. Las personas no van a trabajar sólo por un sueldo, a partir de ahora van a trabajar para una autorrealización personal, para auxiliar al familiar, al enfermo, al amigo, al compañero de fábrica que lo está pasando mal. Y son incontables las familias que destinan una pequeña parte del sueldo, a lo mejor 50, a lo mejor 100 euros, de su propio trabajo en auxiliar a este conocido que lo precisa. Entonces, estamos volviendo a activar nuevamente los mecanismos de solidaridad. En tanto en cuanto la sociedad tire por aquí, no va a importar el color político de los dirigentes, no va a importar tampoco el color de las políticas que adopten, puesto que la sociedad va a tirar adelante. Mientras se siga cayendo en victimismos o en situaciones de egoísmos, la sociedad no va a avanzar.

Si alguien decide que tiene dinero pero que no lo va a gastar porque no está de acuerdo con el color político, entonces, ese comportamiento egoísta va a repercutir frente a sus compañeros y frente a él mismo. Aquellos que trabajan para que la economía funcione, para que el vecino que tiene un bar le vaya bien, para que el electricista pueda ganarse la vida, para éste, aquél, el otro, entonces vamos a recuperar la sociedad que tenían ustedes en occidente. Cuando occidente trabaje también para que este modelo social de estado del bienestar, estado de derecho, se traslade al resto de países del globo de forma pacífica, de forma no impuesta, de forma que no se pida contrapartidas a estos países, entonces, los estados occidentales van a recuperar también el rol que tenían en los años 60 o 70. En cuanto occidente pretenda extraer recursos, expoliar, como se hizo en el Renacimiento con toda América, a la que se exterminó la población y a la que se expolió todo lo que pudieron y más, entonces occidente no va a seguir adelante.

Por lo tanto, estamos intentado que en estas reflexiones nuestras no vean ustedes el bueno y el malo, no demonicen a la clase política, ni angelicen a las masas populares, no piensen que el partido rojo es mejor que el azul, o que el partido verde es la solución por encima del partido amarillo. Olviden todos estos planteamientos materialistas, son absolutamente planteamientos que desgastan al espíritu. La persona que quiera elevarse por encima de la materia no puede caer en estos errores, debe trabajar y colaborar con la sociedad gobierne éste o gobierne aquél. Si alguien con responsabilidades espirituales, con conocimiento espiritual, está al frente de una población, está al frente de una nación, aquella nación marcha mejor. La época dorada del antiguo Egipto se produjo cuando el sacerdote-faraón trabajaba para el pueblo, cuando él mismo se consideraba pura y simplemente un administrador del trabajo y los recursos del pueblo. Entonces, Egipto era una potencia invencible, no militarmente hablando sino socialmente hablando. Tuvo una civilización que superó a todo su entorno, al lado había los salvajes, y allí existía la civilización más perfecta todavía que la que tienen ustedes, puesto que habían menos injusticias. Cuando el soberano de turno dejó de ocuparse del pueblo, el imperio terminó cayendo, aunque hubiesen pasado siglos hasta la caída definitiva.

Así pues, esperamos que estas reflexiones les sean útiles, esperamos que comprendan que no podemos categorizar en términos absolutos. No podemos decir las soluciones de la derecha o las soluciones de la izquierda, sino que conviene decir y transmitir que la solución viene del espíritu, viene del cumplimiento de las leyes espirituales. Y a la que las leyes de la Tierra se alineen con las leyes espirituales, no va a hacer falta ser economista, no va a hacer falta utilizarse del dinero, utilizarse de los mercados financieros, puesto que la ley espiritual está por encima de todos ellos. No obstante, y mientras tanto esto no se haya producido, todo lo que ustedes tienen aquí es el resultado de su propio merecimiento, bien sea a nivel individual o a nivel colectivo. Entonces seamos claros, trabajen colectivamente para el prójimo, para un futuro mejor en global, y obtendrán ese futuro mejor. Síganse equivocando en los planteamientos adoptados y seguirán recogiendo errores y dolores.

Muchísima paz y muchísimo amor.

Hasta siempre.