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01-07-2017 - Amalia

Hermanitos queridos:

¿Alguien pensó que ser espírita iba a ser tarea fácil? Muchos piensan que los cielos se abren a aquellos que dicen “Señor, señor, yo quiero servirte; Señor, señor, yo conozco el evangelio”. Más hay de aquellos que sólo con palabras pretendan entrar en los reinos, en las esferas de la espiritualidad superior.

Desgraciadamente, Jesús dijo: “Bienaventurados los mansos, bienaventurados los pacíficos, bienaventurados los que pasan hambre y sed de justicia porque serán saciados, porque de ellos es el reino de los cielos”. No habló jamás de bienaventurados los intelectuales, bienaventurados los poderosos, ni bienaventurados aquellos que ostenten posiciones de dominio o de poder.

Afortunadamente transitar los caminos del Evangelio, seguir en pos de Jesús, significa precisamente esto, pasar hambre interior, pasar sed de justicia, y Jesús como enviado, como Mesías, como director planetario nos da consolación. Y son sus palabras, sus ejemplos, los que nos dan la vida del espíritu.

Benditos sean aquellos que comprenden que la vida es pasajera, que los bienes materiales bien usados pueden auxiliar, pero que en la mayoría de veces encadenan al ser.

Entonces muchos nos preguntamos, ¿qué sucede en el seno del espiritismo, qué sucede en los centros, qué sucede en los hogares, qué sucede en las federaciones? ¿Cómo es posible que teniendo a Jesús en los labios, el Evangelio en la mano, la hiel hierva todavía en el corazón? ¿Cómo podemos expulsar a compañeros de los grupos o de las federaciones? ¿Cómo pueden también nuestros hermanos dejarnos de lado buscando algo mejor? Han habido tantos y tantos malentendidos, tantas y tantas enemistades surgidas del intelecto humano, que con razón a veces hay seres que prefieren la expiación de la razón apagada.

Bienaventurados, diría Jesús, aquellas personas con discapacidad porque gracias a sus limitaciones, tienen un freno seguro a su orgullo, a su vanidad, a sus errores. Sin embargo, aquellos que andamos en pos del Maestro somos conscientes de la necesidad de continuar, de andar, de servir. Como espíritas podemos servir desde los propios centros, no es preciso fundar periódicos en la era de internet; no es preciso fundar hospitales de pobres en la época de la sanidad gratuita; no es preciso repartir la sopa al hambriento en la época en que toda necesidad de comida, de ropa y de alojamiento está cubierta por otras instituciones. Entonces espíritas, dediquémonos a aquello realmente importante. Como se nos dijo en “El Evangelio Según el Espiritismo”, primer punto “instruíos”, segundo punto “y amaos”. Podríamos discutir, ahondar en si es más importante el estudio o el amor, y deberíamos llegar forzosamente a la conclusión que lo uno y lo otro deben ir ligados. Que el estudio debe conducirnos al amor, y el amor debe conducirnos al estudio y que con ambas palancas, inteligencia y corazón accionadas por la más pura y fuerte voluntad, podremos derribar todos los obstáculos.

Hoy las iglesias no claman contra nosotros, nos ignoran y nos dan la espalda, pero no claman en contra; hoy la ciencia no clama en contra del espiritismo, puede dedicarse a otras tareas, a otras facetas, mas ya no somos perseguidos. Por lo tanto, en estos ciento cincuenta y seis años desde la quema de los libros por nuestro amigo y compañero Antonio Palau i Térmens, muchas cosas han cambiado; incluso él que ya se siente discípulo del Maestro; incluso él que ya comprende, apoya a las filas espiritistas desde el otro lado.

Muchas cosas han cambiado, por lo tanto hermanos queridos, daros simplemente testimonio. No vengo a teorizar, ni a polemizar, no vengo a dar grandes encargos, a desvelar misiones, o a imponer tareas. Vengo a dar testimonio de este camino bendito, que de la mano de mi mentor Padre Germán y de la mano de mi mentora Teresa tanto bien derrama en mi espíritu. Deseo simplemente que una gotita de este elixir pueda alimentar vuestros espíritus, saciar vuestra ansiedad, calmar vuestra sed de justicia y de amor. Y sobre todo que pueda impulsaros hacia adelante, a seguir estudiando, a seguir trabajando, a seguir uniéndoos con los otros compañeros de ideal con cuerpo o sin cuerpo; aprender a respetar, a comprender, a ser positivos para con todos.

Desearos también que este elixir se materialice en forma de violetas, de ramillos de violetas para que los llevéis en vuestro corazón. Si sois capaces de oler y sentir el perfume de las violetas, seréis capaces de sentir mi presencia y de tener muy presente que estoy al lado de los espíritas sinceros con cuerpo y sin cuerpo, federados y no federados, brasileiros y no brasileiros, hispanos y no hispanos. Siempre la verdad está del lado de aquellos que están con La Verdad.

Tened todos paz mucho amor y un abrazo a vuestro corazón de vuestra hermanita pequeña, Amalia Domingo Soler.