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Amalia 07-11-2015

Associació Espírita Otus i Néram
Tàrrega, 7 de novembre de 2015 (Amàlia)

Hermanos, hermanas, paz.

El movimiento espiritista siempre se ha caracterizado por sus dudas. Sabemos que existen los espíritus, pero dudamos de su asistencia; sabemos que no somos médiums por casualidad y tenemos más miedo a la mistificación que a los buenos consejos, que al amor de aquellos que nos aman. Sucede también que por agradar a los demás, a nuestros familiares ateos, a nuestros vecinos displicentes, olvidamos que el ser espiritista es algo que llevamos dentro.

No somos distintos, nuestros corazones son de la misma carne, las calumnias, los desprecios, el odio nos hacen el mismo daño que a los demás; no somos más fuertes por creer en la inmortalidad; no somos mejores por seguir el ejemplo de Jesús. No obstante, en aquel maravilloso poema del sermón de la montaña se recogen las pautas, las directrices del mundo de regeneración. Pasaron dos mil años que la espiritualidad superior convocó a los pequeñitos de la tierra no a ganar el mundo, sino a ganarse a sí mismos. Felices aquellos… y todo el poema.

¿Quién no sufre, quién no es perseguido, quién no es calumniado, quién no es odiado? Nadie, absolutamente nadie, está exento de las pruebas materiales. Sucede que también casi nadie confía, tiene fe, esperanza, amor en los seres queridos. Por supuesto que ser espiritista no es ser mejor que nadie, por supuesto que ser espiritista es respetable, es una escuela, un camino de crecimiento, de desarrollo de lo más sagrado, de desarrollo del amor para con todos.

Vosotros sabéis que no es oro todo lo que reluce. Muchos espiritistas hay de nombre que preferiríamos todos que estuvieran en otro lado; muchos ateos hay que ya quisiéramos en nuestras filas; muchos religiosos hay que ya quisiéramos a nuestro lado. Porque el amor, la bondad, el perfume del alma no pertenecen a esta o aquella escuela, pertenecen a cada ser; cada ser trae impreso en su seno aquello que es. Pero lo más importante hoy no es lo que somos, no es lo que fuimos, es lo que vamos a ser. Vamos a ser todos aves del paraíso, aves amorosas, aves que exhalarán perfúmenes, que van a transformarse a sí mismas, van a transformar el barro con el que conviven en aromas propios de las esferas celestes; y esta es la clave del movimiento espiritista. Hoy no es más importante si leen más o menos a Kardec; hoy es importante si de veras desean crecer. Hoy no es importante si atesoran todo el conocimiento; hoy lo importante es si lo usan en esclarecer. Hoy no es importante las obras sociales que se hacen; es importante si se hacen con el corazón, no para los demás, sino para sí mismo, para crecer, para darse, para rebajarse. Hoy lo importante no es que nos ataquen, es que nos defendamos, que nos defendamos con la única moneda que podemos y debemos utilizar: la moneda del santo amor, la moneda de la consolación, del apoyo mutuo, de la humildad, del corazón. En esto estamos hoy, mañana y siempre, pero lo importante es hoy. Evidentemente mostraros a la sociedad tal cual sois, aunque no os comprendan, aunque os crean débiles, si lo que nos mueve es el amor, nadie nos puede vencer. Demos la mano a nuestros hermanos, los que están arriba para que nos impulsen a seguir sus pasos, los que están abajo para que ellos no nos detengan, sino que nosotros les impulsemos a ellos.

No hay más, estáis de paso, como de paso estuve yo hace unos cien años. Mucho tiempo y muchos trabajos que aunque parece que no hayan dado resultados, los están dando: espiritas sinceros hay, trabajadores activos hay, eso es lo importante hoy: saber, conocer, amar, y actuar.

Por lo tanto os dejo mis rosas, os dejo mis violetas y espero, confío en que las sepáis plantar en vuestro jardín, en que las sepáis regar, en que las dejéis fructificar, y en que os dediquéis también a esparcirlas a los demás. ¿Por qué de qué va servir una violeta enterada en un jarrón que sólo vosotros podáis contemplar? Lo importante como siempre es el amor que podáis derramar. Trabajad, vivid como vuestro semejantes; pero que vuestro perfume pueda alcanzar a todos. No os preocupéis, no estáis solos, que donde no llegue el vuestro, llegará el nuestro, donde no alcance vuestro corazón, corazones amigos están ahí con vosotros para todos, amigos, enemigos, de este credo o de este otro, simpatizantes o indiferentes, todos hermanos.

Quedaros ahora sí con el abrazo de las flores, con el abrazo de mis dos protectores, que el padre Germán vela para todos, que Teresa trabaja para todas, pero todos y todas sois lo mismo, puesto que el espíritu sexo no tiene. Por lo tanto, somos uno, somos varios, pero el camino es para todos el mismo, camino de espinas y camino de alegrías; aprended de las espinas, gozaos de las alegrías.

Hasta siempre. Vuestra, Amalia.