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04-02-2017 Evangeli

Buenas noches, hermanos hermanas, mucha paz.

A menudo cuando se habla de Evangelio se piensa en los curas y en el tiempo del obscurantismo religioso, es decir, cuando con la cruz en una mano y la Biblia en la otra mano se cometían todos los abusos, atropellos y crímenes que el ser humano sea capaz de imaginar.

De ahí la aversión todavía en la actual encarnación de ciertas personas a hablar de Jesús, a hablar de Evangelio. En estas situaciones se nos presentan dos opciones; la primera, que dichas personas hayan sido víctimas de la crueldad, de la insania de la Inquisición o de sus representantes, y por lo tanto digamos que preventivamente se alejan de todo cuanto les recuerde a dicha institución; la otra opción es que estas mismas personas hayan sido inquisidoras y ejecutoras y se apartan del Evangelio de Jesús por vergüenza, por aversión a sus propios crímenes.

No es nuestra intención juzgar a nadie, mas es nuestra obligación recordaros que cada cual debe juzgarse a sí mismo. Si sentimos aversión a Jesús debemos preguntarnos si nosotros somos acaso mejores que Él; si así fuere ningún problema, adelante y sed mejores que Jesús; si así no fuera, miradlo como a un hermano, como alguien que quiere auxiliaros a salir del sufrimiento y de la tiniebla interior. Abracemos, abracémonos a Él, sintámoslo como un amigo de nuestro corazón.

Sea cual fuere nuestra situación si tenemos aversión a Jesús o al Evangelio tenemos un problema psicológico, tal vez grave. Podemos tener aversión a la muerte, podemos tener aversión a personas que nos quieran mal, podemos tener enemigos y tenerles aversión, podemos estar rencorosos por aquellos que nos hirieron o nos hicieron mal; pero si tenemos aversión al amor, si tenemos aversión a la espiritualidad superior, tenemos un problema grave. Y el problema puede tener dos matices también; puede significar que nosotros pertenecemos a las tinieblas y que luchamos en contra de la luz, que preferimos el mal por encima del bien y entonces no es que sea un problema psicológico, es simplemente una elección el considerarnos incompatibles a nosotros mismos con el bien; la otra opción es que por ignorancia todavía no hemos comprendido nuestro papel en el mundo, no hemos comprendido que la razón de la existencia es alcanzar el estado de plenitud, que para alcanzarlo no bastan las cosas materiales, no bastan los afectos de familia. Se precisa también de alimento espiritual.

Dicho esto también, tocar la sensibilidad a aquellos que tienen el Evangelio en su boca, tienen el Evangelio en su mano, la cruz en la otra, y no son capaces de asumir, de cumplir sus objetivos existenciales. Numerosas personas en todas las religiones, en todas las corrientes y también en el Espiritismo hacen un abuso de la palabra, hacen un abuso de la retórica, de la evangelización del prójimo, mas han renunciado a la aplicación propia. Cuando saben que deben cumplir algo sí o sí, lo incumplen, y buscan la fuga psicológica, la excusa, para proyectar en los demás aquella sombra interna que les impide reconocer su realidad. Cuando esto ocurre nos encontramos con inquisidores reencarnados, y cuando digo inquisidores me refiero a personas que con conocimiento espiritual, con el conocimiento de los evangelios prefirieron herir, calumniar, quemar a personas que no tenían culpa y a personas que aunque la tuvieran merecían de la piedad y del perdón que promueve el Evangelio.

Todo esto para llegar al punto de que el Evangelio no es algo externo a nosotros, el Evangelio es algo interior que el ser espiritual interioriza y gana para sí. El otro día hablaban ustedes que el reino de Cristo no es de este mundo, y colocaron dicho reino en el plano espiritual. Pero olvidaron que dicho reino pertenece al espíritu con o sin cuerpo; cuando el espíritu no tiene cuerpo, puede entrar en el reino de los cielos como región de los planos superiores. Mas con cuerpo o sin cuerpo, el espíritu puede vivir la realidad del Evangelio y del reino de los cielos en sí mismo.

Los grandes misioneros de todas las épocas han vivido el Evangelio con cuerpo, han estado en comunión, en conexión con la espiritualidad superior aun teniendo cuerpo. Esa es la finalidad del Evangelio, interiorizar el mensaje de Jesús, de Cristo; ser mejores, no de palabras, sino de hechos, saber perdonar a cada acción, a cada momento; saber escuchar, analizar, saber disculpar, ganar la paciencia, la abnegación, la tolerancia también con el mal y por encima de todas las cosas, tener claro que el objetivo de esta existencia es aprender a ser servidores, a ser ejecutores de la espiritualidad superior, ser las manos amigas con que Jesús abrace a un afligido, ser la palabra elocuente con que Jesús ilumine las consciencias; ser en definitiva ejecutores del Espíritu de Verdad.

Sean siempre ustedes sinceros con ustedes mismos y con el prójimo, no teman decir la verdad en todas las circunstancias, no teman ir por el mundo desarmados de preconceptos, desarmados de orgullo, desarmados de vanidad; puesto que la mejor arma que Jesús puso en sus manos es el arma de la verdad, que combinaba con el amor, todo lo transforman y todo lo pueden.

Sean verdaderos cristianos, sean auténticos servidores del Evangelio, gocen ya de la paz de Jesús en sus vidas. Tengan todos paz, tengan todos amor hasta siempre.